En diciembre de 2009, el ciudadano italiano Massimo Tartaglia se hizo famoso por atacar al primer ministro Silvio Berlusconi al término de una manifestación en Milán. Tartaglia  —un hombre de 42 años sometido a tratamiento psiquiátrico— golpeó fuertemente al primer ministro usando una réplica en miniatura del célebre Duomo, como se conoce a la catedral milanesa. El hecho desató una fuerte polémica, la cual mostró cuán divididos se hallan los italianos en relación con su polémico primer ministro. La imagen de Berlusconi tratando de ocultar su rostro ensangrentado, al tiempo que dejaba traslucir evidentes gestos de dolor, fue vista en todo el mundo como una señal de su bancarrota política. De otro lado, el respaldo que Tartaglia logró generar entre mucha gente, incluyendo una masiva campaña por Internet en su defensa, mostró la sensación de hartazgo y rechazo crecientes hacia Berlusconi, debido a factores como la sucesión de escándalos que lo han acompañado en el gobierno, o la expansión de la corrupción, la cual prácticamente ha corroído a la política italiana.  1  La oposición a Berlusconi hecha pública a propósito del caso Tartaglia parecía mostrar un amplio rechazo a la permanencia de la derecha en el poder. Sin embargo, en las elecciones regionales ocurridas en marzo del presente año, el partido de Berlusconi obtuvo —contra todo pronóstico— un significativo respaldo.
la Italia de la última década muestra la hegemonía política y cultural de la “derecha a lo Berlusconi”, en tanto que la izquierda ha sido paulatinamente borrada del mapa.
La evidencia de las urnas hace difícil pensar en la posibilidad de un pronto cambio de dirección en la política italiana, cuya historia reciente se ha visto teñida por el ascenso de lo que podemos llamar “derecha a lo Berlusconi”. Cabe destacar que esta expresión significa no solo una posición dirigida a mantener el orden de cosas prevaleciente en Italia desde hace una década, sino también un estilo corrupto de ejercer el poder, vinculado a sucesos como el ascenso del neofascismo, el control de la mafia en la política y la escandalosa manipulación de la opinión pública a través del uso desvergonzado de los medios de comunicación. La banalización y frivolización de muchos medios resulta patética en un país que hasta hace poco se preciaba por la calidad de su cultura de masas, incluyendo una influyente prensa de izquierda.  2  Pero la Italia de la última década muestra la hegemonía política y cultural de la “derecha a lo Berlusconi”, en tanto que la izquierda ha sido paulatinamente borrada del mapa. Esto a pesar de que la izquierda italiana, hasta hace poco, gozaba de una sólida presencia en el panorama político-cultural de ese país.
II
En un artículo reciente, Perry Anderson reflexiona sobre la crisis de la izquierda en Italia, sugiriendo que se trata de una “izquierda invertebrada”, que actualmente se muestra incapaz de representar una alternativa de cambio ante la hegemonía de la nueva derecha representada por Berlusconi. 3 El historiador marxista británico retoma la imagen acuñada por Ortega y Gasset, quien llamó la atención acerca del riesgo de la desmembración española debido a la crisis del 98, hablando de una “España invertebrada” semejante a una nación sin huesos en su cuerpo.4 Usando dicha imagen, Perry Anderson analiza la situación actual de desarticulación política de la izquierda italiana, a pesar de que llegó a constituir una de las fuerzas de transformación social más genuinas y de mayor alcance en la Europa posterior a las guerras mundiales y el fascismo. Ensayando un balance crítico de su trayectoria, encuentra que dicha crisis responde a los errores políticos de sus dirigentes,así como a la pérdida de ubicación política de la izquierda frente aun escenario de profundas transformaciones sociales, que cambiaron para siempre la faz de la sociedad italiana. Poderosos procesos de cambio histórico, como el fin de la Guerra Fría, el colapso de la clase obrera tradicional, la crisis del Estado de bienestar edificado en los años de posguerra, la deslegitimación de los partidos y la política, entre otros, dejaron a la izquierda sin horizonte ni piso social, a merced del vendaval de la derecha liderada por Berlusconi.
La historia contemporánea de la izquierda remite a la influencia de señeras figuras político-intelectuales, como son Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui.
La experiencia histórica de la izquierda italiana puede brindar lecciones útiles para plantear una discusión acerca de la izquierda peruana y sus perspectivas de futuro. A pesar de sus distancias, ambos países muestran ecos interesantes respecto al desarrollo de sus respectivas izquierdas políticas. En los dos casos, la historia contemporánea de la izquierda remite a la influencia de señeras figuraspolítico-intelectuales, como son Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui. Si bien ambos pensadores forman parte de la órbita internacional del marxismo, al cual arribaron a partir del ejercicio del periodismo, destacan por haber superado la vulgata derivada del materialismo histórico y la Internacional Comunista bolchevique. Ambos lograron desarrollar obras sumamente originales de reflexión y acción política marxista, basadas en una extraordinaria heterodoxia teórico-intelectual, así como en un sentido agónico semejante de la experiencia vital en este mundo.  Sus muertes, ocurridas tempranamente en medio de circunstancias políticas que resultaron decisivas para el futuro de las izquierdas de Italia y Perú, cancelaron abruptamente sus obras de agitación, organización política y reapropiación del marxismo, asumido desde la singularidad propia de territorios situados en las periferias cercana y lejana del orden capitalista. En tal sentido, no resulta casual recordar que Mariátegui efectuó lo esencial de su aprendizaje del marxismo en Italia, donde además pudo asistir como corresponsal al congreso fundacional del Partido Comunista Italiano, realizado en Livorno en 1921. La Italia de los años de entreguerras, sacudida por la crisis económica, el ascenso del fascismo y los movimientos de masas protagonizados por campesinos y obreros, fue sin duda un mirador excepcional desde el cual el joven amauta logró asimilar la realidad europea más amplia, incubando así su ambición de retornar al Perú para dar vida a un proyecto socialista capaz de responder a las particularidades sociales e históricas del país. 5
Las izquierdas italiana y peruana llegaron a articular un amplio bloque político-social, que incluyó a partidos políticos, poderosos gremios sindicales, movimientos sociales y significativos sectores artísticos e intelectuales.
Además de la semejanza de las herencias político-intelectuales de Gramsci y Mariátegui, cabe destacar que, tanto en Italia como en Perú, la izquierda logró obtener significativa influencia, al punto de convertirse en una importante fuerza política, aunque en momentos históricos diferentes. Se trata de izquierdas que lograron representar y movilizar un significativo espectro político y social, al tiempo que lograron albergar a diferentes tendencias ideológicas en su seno. Las izquierdas italiana y peruana llegaron a articular un amplio bloque político-social, que incluyó a partidos políticos, poderosos gremios sindicales, movimientos sociales y significativos sectores artísticos e intelectuales. En ambos países, este último factor se reflejó en el hecho de que buena parte de la inteligencia y la sensibilidad nacional brotó de las canteras políticas de la izquierda.
Con dos vertientes políticas principales, representadas por el Partido Socialista Italiano–PSI y el Partido Comunista Italiano–PCI, la izquierda italiana logró convertirse en una de las más originales e influyentes de Europa, tanto en términos políticos como teóricos, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia de la izquierda peruana, por su parte, muestra la formación de una poderosa fuerza de cambio, que entre las décadas de 1970 y 1980 enfrentó el reto de lograr su unidad política, con vistas a alcanzar el gobierno. Las circunstancias de ese momento histórico condujeron a la izquierda hacia un destino diferente: envueltos en una noción antidemocrática de la política en el interior de sus filas, sus distintos partidos ahondaron sus diferencias en el preciso momento en que alcanzaban su mayor fortaleza, haciendo imposible el logro de la unidad para alcanzar el poder por la vía democrática. Esto ocurrió en dos coyunturas decisivas: a fines de las décadas de 1970 y 1980, con las experiencias de la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI) y la Izquierda Unida (IU), respectivamente. En ambos momentos, la posibilidad de articular un bloque político y social con capacidad de llegar al gobierno se vio frustrada debido a las propias debilidades internas de la constelación de partidos convocados a la unidad. Deficiencias de conducción política, ligadas al caudillismo, autoritarismo y la completa carencia de aprendizaje democrático propio de los partidos y otras agrupaciones —tales como los sindicatos bajo su mando— condujeron a la izquierda hacia una paulatina separación respecto de sus bases sociales populares.
Al iniciarse la década de 1990, cuando se impone en el Perú un régimen neoliberal autoritario, la izquierda no solo se hallaba desvinculada de sus propias bases, sino que mostraba una completa desarticulación política.
Al iniciarse la década de 1990, cuando se impone en el Perú un régimen neoliberal autoritario, la izquierda no solo se hallaba desvinculada de sus propias bases, sino que mostraba una completa desarticulación política. Profundos cambios sociales, generados en parte debido a la propia acción de la izquierda, constituyeron el trasfondo de realidad respecto al cual los partidos izquierdistas se vieron completamente desfasados. Procesos como la democratización política iniciada con la Asamblea Constituyente de 1978, el estallido de una guerra interna que asoló fuertemente a los sectores más indefensos del país, el impacto de la crisis económica en un contexto de acelerada modernización, así como la imposición exitosa de reformas neoliberales que cambiaron abruptamente los vínculos entre Estado, mercado y sociedad, terminaron de ahondar el desfase que alejó a la izquierda de las capas populares que anteriormente había logrado representar. Sectores claves para el desarrollo de la izquierda, tales como el campesinado, la clase obrera, los trabajadores estatales, el movimiento urbano popular o el movimiento estudiantil, se vieron transformados abruptamente, quedando desgajados de una propuesta política de cambio.
La bancarrota de la izquierda peruana puede verse como resultado de la agregación de factores políticos internos —tales como los errores de conducción por parte de sus dirigentes, así como la existencia de agudas desavenencias internas que acabaron por hacer estallar los intentos de unificación— y el impacto de cambios sociales ocurridos en un contexto más amplio. Estos condujeron rápidamente al país, en el lapso de pocas décadas luego de la Segunda Guerra Mundial, desde la condición de una sociedad tradicional de fuerte impronta terrateniente hacia un frustrado proceso de democratización política y social, que desembocó en década de 1990 en un régimen neoliberal autoritario pero exitoso en sus propios términos. Una vez recuperada la democracia política en el Perú, con la caída de Alberto Fujimori y la instauración del gobierno de transición de Valentín Paniagua, fue evidente que la izquierda no tenía mayores horizontes de futuro, debido a su propia invertebración política tanto como a la destrucción de los tejidos sociales y organizativos de las clases populares que le dieron sustento en las décadas previas. Además, la imposición de la hegemonía neoliberal vino acompañada de un fuerte sentido antipolítico, el cual desacreditó profundamente a la clase política, llamada desde entonces “tradicional”, incluyendo a la izquierda.
III
El triunfo de la derecha en las últimas elecciones regionales italianas conduce a pensar que la crisis de la izquierda en dicho país está tocando fondo; es decir, muestra la derrota estratégica de un amplio proceso de movilización social que logró cobijar —como acabamos de recordar— a una amplitud de actores. 6   La izquierda italiana de estos días —especialmente el PCI— se muestra, pues, como una fuerza en bancarrota, carente del horizonte histórico y soporte social necesarios para asumir de manera efectiva la agenda de sus orígenes: construir una alternativa poscapitalista para la sociedad italiana en su conjunto.
En Perú, la izquierda también se halla sumida en una crisis estratégica que proviene de la derrota sufrida en la década de 1980.Cabe destacar que la historia de la izquierda peruana sigue siendo un tema escasamente investigado, por lo cual carecemos de trabajos que logren dar cuenta de los rasgos de su evolución histórica, contribuyendo a explicar su situación actual. 7
Lo que la salida de Kouri dejó fue una oportunidad para que gran parte del electorado se identifique con otra candidatura. Pudo tratarse de Lourdes Flores […] o de cualquiera de los otros candidatos […] Sin embargo, lo que pasó fue que mucha gente se identificó con una candidatura de izquierda, y es allí que puede apreciarse […] la novedad de este proceso electoral..
Considerando que la izquierda peruana prácticamente desapareció del escenario político desde la década de 1990, resultan sorprendentes los resultados de las últimas elecciones municipales. La gran novedad de estas fue el triunfo de una propuesta de izquierda en la ciudad de Lima. Es decir, en la principal plaza electoral del país, la cual incluye a cerca del 30% de la población total peruana. El triunfo de Susana Villarán, lideresa del partido Fuerza Social, fue confirmado semanas después de las elecciones, luego de un engorroso proceso de conteo de votos. Se trata sin duda de una victoria significativa, que tiene lugar después de la derrota y dispersión sufridas por los partidos de izquierda, y que en tal sentido plantea una discusión necesaria en torno a las posibilidades de futuro de la izquierda peruana.
Puede discutirse si el triunfo de Susana Villarán fue resultado de la casualidad —debido al retiro del candidato Alex Kouri de la lid electoral luego que prosperara una tacha en su contra— o si más bien se trata de un voto plenamente consciente, proveniente de una izquierda social en ascenso. Mi impresión es que ambas explicaciones resultan insuficientes, y que plantear el debate en torno a dicha antinomia  8 no permite abarcar el significado de un triunfo electoral que ocurre después que la izquierda peruana sufriera una derrota estratégica(aunque de forma y contenidos sustancialmente diferentes a la sufrida por la izquierda italiana en los últimos años).
Si bien resulta cierto que la candidatura de Fuerza Social recibió el beneficio del azar, debido a la tacha que sacó de la carrera municipal a Alex Kouri, no es posible sostener que la amplia votación a su favor fue el resultado de la simple casualidad ante el vacío dejado por este. Más bien, lo que la salida de Kouri dejó fue una oportunidad para que gran parte del electorado se identifique con otra candidatura. Pudo tratarse de Lourdes Flores, quien en ese caso hubiese ganado por amplísima mayoría, o de cualquiera de los otros candidatos (de hecho, el importante respaldo obtenido por Humberto Lay revela que pudo ocurrir dicha posibilidad). Sin embargo, lo que pasó fue que mucha gente se identificó con una candidatura de izquierda, y es allí que puede apreciarse —desde mi punto de vista—la novedad de este proceso electoral.
En esa óptica, vale remarcar que el voto por Susana Villarán no resulta explicable con el argumento de la casualidad. Por el contrario, puede sostenerse que el respaldo a su candidatura tiene un carácter bastante más definido que el que puede apreciarse en otros casos. Echemos un rápido vistazo a los resultados electorales, presentados en el Cuadro 1. Contrariamente a lo que se dijo durante las semanas previas a las elecciones con la finalidad de descalificar a Susana Villarán, el mayor respaldo obtenido por esta no corresponde a los sectores medios y altos de Lima, sino que proviene sobre todo de los distritos populares. En los distritos mesocráticos, es Lourdes Flores quien logra una mayoría absoluta, que supera largamente al porcentaje de voto a favor de Villarán en los distritos populares.
Cuadro 1. Respaldo obtenido por Fuerza Social y PPC-UN en los distritos de Lima Metropolitana en los cuales estas agrupaciones ganaron las elecciones municipales de octubre 2010
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Los datos muestran una fuerte brecha social y territorial en el voto por la alcaldía de Lima, que acabó beneficiando a la candidata de Fuerza Social. Mucha gente de los distritos populares votó a su favor, en tanto que en los distritos correspondientes a sectores medios y altos el voto por Lourdes Flores fue simplemente abrumador. Tales resultados muestran la persistencia de un sustrato clasista que sigue permeando el funcionamiento del sistema político peruano. No se trata, obviamente, de una clara situación de diferenciación clasista en la participación política, pero los datos electorales—que hacen recordar de cierta forma el voto obtenido por Ollanta Humala en las elecciones presidenciales del 2006— sugieren que las lógicas políticas en el Perú no se hallan totalmente desvinculadas de las líneas de diferenciación y desigualdad social producidas por dos décadas continuadas de transformación neoliberal.
Sin embargo, parece difícil pensar que el triunfo de Susana Villarán representa un resurgimiento de la izquierda como tal en el país, pues persisten la dispersión, ausencia de un balance crítico en el interior de sus filas y, sobre todo, el desfase que ha alejado a la izquierda del sentido común de la inmensa mayoría de peruanos durante todos estos años.El arribo de una candidata de izquierda a la alcaldía limeña puede verse, sin duda, como un cambio importante. Pero no existen elementos para pensar que se trata de un resurgimiento de la votación de izquierda, después de dos décadas y media de bancarrota de este sector, así como de la situación de crisis y desarticulación de los movimientos sociales populares que en las décadas anteriores le brindaron sustento.
Más allá, entonces, de argumentos falaces en torno a la impronta del azar sobre la política, o de una supuesta continuidad del voto de izquierda de décadas anteriores, cabe tomar en cuenta que los resultados de las recientes elecciones municipales y regionales comienzan a levantar un debate largamente postergado: ¿tiene cabida la izquierda en la política peruana? ¿De qué izquierda se trata? ¿Qué significa asumir una identidad de izquierda en el Perú de hoy?  La reflexión está abierta y continuará…

* Antropólogo, investigador del IEP.